Familia fue uno de los primeros en entrar cuando a las 10:00 de la mañana la Funeraria Blandino abrió las puertas de la capilla E, donde se exponen los restos de Don Adriano. Las primeras en entrar a la capilla fueron su esposa Justina, sus hijas Himilce, Carmen Tulia, Miguelina y Patricia, sus nietos, sobrinos y yernos.

Pero Familia, el chofer que por 14 años le transportó hacía su cargada agenda de pendientes, pronto se dejó caer sobre uno de los bancos, ahogado en un llanto que se confundía con el de aquella familia que parecía no tener consuelo.

“Él nunca fue mi jefe, siempre me trató como parte de la familia”, comentó el chofer, cuyo nombre es Germán, pero su apellido hace más honor al trato que Don Adriano o Adriano Miguel Tejada dispensó a los que conocía y quería.

Segura de que su padre cumplió el propósito al que vino a este mundo, dio gracias a Dios por su vida, por la familia que levantó y por el éxito en las distintas facetas profesionales que emprendió y en las que impactó vida.

Tras de ella, una pantalla exponía las imágenes que intentaban hacer repaso a su trayectoria familiar y profesional. Sonriente, como siempre, se veía al esposo que disfrutaba junto a su amada del calor hogareño o de las aventuras a lo interno o fuera del país; al padre que no deja pasar por alto las fechas importantes de sus hijos, al abuelo consentidor que les permite a los nietos invadir su cama o que le pongan sombreros extraños.

Himilce, la nieta, apenas encontraba fuerzas para decirle: “gracias por ser tanto, padre, abuelo, mentor y fiel amigo”.

Las imágenes también revelan a un Adriano Miguel que desde joven cultivó su pasión por el deporte, por la música, la lectura y la escritura. También por la Patria.

“Él, por encima de todo, fue un ciudadano ejemplo y fue un bueno dominicano, asumió la defensa de la dominicanidad”, comentaba Wilson Gómez, uno de los jueces del Tribunal Constitucional que a eso del mediodía acudió en comisión a adornarle su féretro con la bandera nacional y hacerle guardia de honor.

De pie junto al ataúd se colocaron Gómez, Domingo Gil, Alba Beard y José Alejandro Ayuso, en turnos de cinco minutos cada uno, y lo hacían en representación de todo el personal del tribunal, que también envió algunas de las decenas de coronas florales con que familias, empresas y a título personal, se hacía honor al maestro, el compañero, al amigo que se va.

“Fue un periodista recto y ejemplar, que prestigia ese sector como prestigió también al sector de la abogacía, a los constitucionalistas y a los historiadores y por eso hemos acudido a reconocerle. Sus investigaciones y pasión, su estudio constitucional especialmente sobre el texto dominicano, sin duda resalta como profesional del Derecho”.

Para Persio Maldonado, presidente de la Sociedad de Diarios Dominicanos, de la que Don Adriano también formaba parte, resultan imborrables los momentos compartidos desde que le conociera a principio de los años 80.

Han compartido afanes periodísticos dentro y fuera del país y, como un gran equipo, hacían de editor mutuo de algunos de sus textos.

“Era una persona sumamente interesante, una persona culta, humilde en su trato y en transmitir conocimientos, su muerte me conmueve mucho, pero yo creo que él va a encontrar paz en el universo de la luz”, comentó en la antesala de la capilla donde cientos desfilaron a lo largo de este jueves, guardando el debido protocolo que impone la pandemia del COVID-19, para ir a despedirle.

Compañeros de estudios, políticos, abogados, escritores, periodistas y todo el personal de Diario Libre, encabezado por el vicepresidente del Grupo Diario Libre, Manuel Pellerano.

“Siempre produce dolor la partida de un ser querido, pero queremos llevar el corazón de Adriano a Dios a través de la Esperanza”, expresaba monseñor Ramón Benito Ángeles, obispo auxiliar de la Diócesis de Santo Domingo, durante una misa de cuerpo presente que se ofició a las 3:00 de la tarde.

Pero como pregonaba el coro durante la eucaristía, “cuando un amigo se va, queda un terreno baldío, que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío”.